Historia de una teta

Recuerdo que la había construido Manolo Martín, que los muñecos eran de ese gran creador que es Sento, e incluso creo que los había vestido nuestro Francis Montesinos. Había en el ambiente un gran alboroto, cuando de broma, Manuel Vicent, en ese momento pensé que era de broma, me dijo que podría hacer la del año siguiente, que se me podía ocurrir alguna idea.

“No sé, así a bote pronto no se me ocurre ninguna”. Recuerdo que le contesté. Sin embargo, de manera repentina me vino una, como a mí me vienen las ideas de las películas, era descabellada e incluso, en principio, parecía grotesca. Sin más le contesté: “Bueno que tal si fuera una inmensa teta, enorme, que ocupara toda la plaza”. “Cojonudo. Cojonudo”. Recuerdo que decía Manolo. Momentos después estábamos comentándoselo a Ricard, que entonces era el alcalde. A él le pareció divertida la idea y nos dijo que adelante. Allí mismo comencé a desarrollar la idea, pidiéndole a Manolo Vicent que también participara y que lo hiciera asimismo el mismo constructor. A partir de ese momento, lo que había sido casi una broma inicial, se convertía de pronto en una idea institucional.

Comencé a preguntarme por el contenido de la teta. Se me creó una dicotomía al pensar en la importancia del continente y del contenido. Qué era más importante, la teta hacia fuera o lo que podría contener. Porque en definitiva una enorme teta es como una carpa, y debajo de esta inmensa teta podía haber un sinfín de cosas. Dentro de las varias posibilidades que surgieron aquella noche, recuerdo la más general y era que en el interior se pudieran celebrar multitud de actos relacionados con el erotismo, como proyecciones cinematográficas espectáculos erótico musicales, exposiciones, etc. Pero todo esto venía a romper con la tradición fallera y lo deseché. Entonces busqué en mi recuerdo lo que de tradicional tienen las fallas, sus aspectos lúdicos e irónicos hasta los más histriónicos, como la crítica, el análisis o la disección de la realidad desde la óptica del distanciamiento irónico, así se trataría la política, la economía, la cultura ,en definitiva todas las actividades sociales.

Las primeras cuestiones que me surgieron me vienen ahora también a la memoria. ¿Quién mama de esta teta? Decidí que muchos, incluso hoy diría que demasiados. A todos ellos los representaría en forma de reguero de hormigas, como las columnas de ocupación, o como si fuera una senda de elefantes buscando su fatal destino, sólo que en vez de ir hacia la muerte, estos irían hacia la vida. Todos, según su condición social, se verían representados en una de estas filas caminando hacia el colosal pezón de la teta. Y el lema de la falla sería aquella frase de Bataille que hablando del erotismo decía que es la afirmación de la vida hasta en la muerte. En definitiva, aquella teta con su precioso pezón o surtidor era la vida, al igual que el erotismo, cosas éstas que van, pero que muy bien, con las fallas.

No obstante, todavía nos quedaba el interior. En él, al menos en teoría, deberían estar los que generan esta eclosión exterior, fue cuando pensé en los genitales. Pero claro no es lo mismo una teta que una polla. De todas formas, creo que luego pensé otra cosa. Efectivamente, pensé en contraponer a los que desean llegar abiertamente a ese maná, a ese suministro de leche materna y creadora con los que intentan subrepticiamente por dentro, éstos serían los de las sectas religiosas que acceden de manera oculta, es como ser maricón y ocultarlo. Resumiendo, pienso que sería como un descenso a los infiernos, pero al infierno freudiano, y en la puerta, a modo de cancerbero, se hallaría el propio Freud, para aconsejarnos el mejor modo de acceder a él.

De todo ello, como es sabido, no quedó nada. Al final no nos llamaron y sólo quedó en una idea más. En cualquier caso esta falla podía haber simbolizado esa otra idea que propuse al Consejo de Cultura y que pretendía hacer de Valencia en este año de celebraciones la Capital lúdica, el año cachondo o el cabaret del 92. Propuesta que como comprobaréis no se llevará a cabo.

Luis García Berlanga

* Prólogo de “Berlanga: fallas de celuloide”. Ayuntamiento de Valencia – Asociación Cultural Falla Mossén Sorell-Corona, Valencia, 2007.


Año
2007

Idioma
Español