La grandeza del cómico

En tiempos en los que se glorifica la figura del director en todo lo respectivo a la autoría de una película, no estaría de más reflexionar un poco acerca de lo que el resultado final de la misma, su posible éxito, le debe a los actores, a los cómicos, que al fin y al cabo son lo que dan la cara y ponen su vida a lo que sin ellos no sería más que unos cuantos folios escritos o unos sueños en el aire. Por eso soy partidario de regresar a las costumbres de tiempos más apasionados por el cine, en los que se iba a ver una película de Charlot, una de Clark Gable, una de Bette Davis, una de Fred Astaire y Ginger Rogers (la lista sería larguísima), lo mismo que también podíamos sentir igual admiración por las estrellas nacionales, como para ir a ver una de Sara Montiel, una de Jorge Mistral, una de Conchita Velasco, o una de Tony Leblanc.

Tal vez si Tony hubiera nacido en América, ahora sería un monstruo sagrado de Hollywood, ricamente acomodado en una mansión de Beverly Hills, pero a cambio ganamos a un genio madrileño del humor al que nadie puede negarle el título de “Rey de la comedia española”. Desconozco el número exacto de títulos que componen su incalculable filmografía, pero no cabe duda de que su rostro y su talento personifican toda una etapa de nuestro cine que yo siempre he deseado reivindicar, lo mismo que el trabajo de los directores de la industria de la época. Un cine realizado con una engrasada mecánica de producción, que conseguía una admirable relación de proximidad con el público.

Tony Leblanc ha triunfado en el cine, en el teatro y en la televisión. Incluso en la música, como compositor de pasodobles. Su categoría, aunque sea raro en España, se vio acompañada por la popularidad y el éxito. Siempre ha contado con la admiración de todos. Para mi desgracia, nunca he sabido muy bien por qué, habiéndolo deseado tantas veces, unas veces por unas cosas, otras por otras, nunca he conseguido trabajar con él, aunque fuera una aspiración mutua, lamentablemente no concretada. De todos modos, es algo gozoso volver a verlo trabajar, haciendo una interpretación espléndida en “Torrente” de Santiago Segura. Quién sabe, a lo mejor, ya tan mayores, todavía podamos afrontar algún proyecto juntos. Si no, que quede aquí constancia de mi humilde y rendida veneración por la grandeza de un cómico. Por la formidable categoría de un maestro.

Luis García Berlanga

* Prólogo de “Tony Leblanc, genio y figura”. Marcos Ordóñez. Festival de Cine Español de Málaga, Málaga, 1999.

Año
1999

Idioma
Español