Prólogo de “¡Con Alfredo Matas hemos topado!”

Puede ser que Alfredo y yo seamos el único caso de amistad profunda entre un productor y un realizador. Por culpa de nuestros destinos, ambos estábamos obligados a llegar, en todo caso, a la simple relación de cortesía o buena educación que debe existir entre profesionales que están forzosamente condenados a enfrentarse en todos aquellos trabajos que llevan a cabo conjuntamente. Y de hecho, cumpliendo con nuestras obligaciones, hemos llegado a tener históricos combates –caso de Estrellita Castro en “Nacional III”–; pero por fortuna, nuestros destinos y también tenían unos territorios donde necesariamente nos encontrábamos para vivir a tope el goce de la amistad. Y no sólo, como creen algunos amigos comunes, el del erotismo, sino también el de una concepción hedonista de la vida, el de la afirmación de nuestra individualidad como rechazo a una sociedad que nos agrede constantemente con trampas sutiles, y muchísimas otras afinidades que contribuyeron, en definitiva, a borrar instantáneamente cualquier entorpecimiento del afecto, casi amoroso, que se inició con el rodaje de “Plácido” y que se esfumará cuando nos vayamos a donde sea.

Por esa autoridad de amigo que me otorga a decir y sentir todo lo que se refiere a nuestras vidas, me emociona este homenaje que el Festival de Peñíscola, dedica en estas ya casi bodas de oro de nuestro encuentro. Fue, tal y como dije antes en “Plácido”, que ahí queda para los restos. Después vinieron otros momentos inolvidables como el viaje a Hollywood con la película nominada para el Oscar y nuestra también constante M. Amparo ironizando sobre nuestros asombros, o la gozada, casi “partouze”, que fue el rodaje de la “La escopeta nacional”, las largas peripecias hasta lograr que “La vaquilla” saltase al ruedo, el empecinamiento en sacar adelante una Academia del Cine, el hermoso y arriesgado proyecto de la Ciudad del Cine, tan injustamente perdido por la presencia de los robaperas de siempre, etc., etc. Una larga lista de anécdotas que deben quedar depositadas aquí, en este “Calabuch”, mítico, en algún lugar donde compartir con todos los que nos han acompañado en la aventura, José Manuel Miguel Herrero al frente de todos ellos, el empeño de hacer un cine que en algún momento llegase, entre risas, a conmover a unos cuantos españoles, junto a las peripecias de nuestro largo y común esfuerzo.

Y cuando toda esta memoria estuviese ya depositada en este Festival, en esta tierra, venirnos los dos a disfrutar, entonces sí, de los goces del erotismo, como esos dos maravillosos viejos verdes que, por otro lado, siempre fuimos –yo creo que desde niños–.

Luis García Berlanga

* Prólogo de “¡Con Alfredo Matas hemos topado!”. Festival Internacional de Cinema de Comedia de Peñíscola, Castellón, 1993.


Año
1993

Idioma
Español