Prólogo de "Cuentos eróticos de Navidad"

No sé qué pensarán ustedes, pero yo tengo la sensación de que nuestra cultura, como dice mi gran amigo Juan Marsé, sigue cogiéndosela con papel de fumar. Por suerte, la literatura, sobre todo la literatura erótica, es uno de los pocos reductos abiertos a la transgresión. Y me siento honrado de dirigir una colección que, como “La Sonrisa Vertical”, aporta su perverso granito de arena. En el caso de este libro, creo que pocas veces puede uno darse el gustazo de disfrutar en todos los sentidos a costa de una fiesta tan tradicional, o tan entrañable, o tan horrorosa, o tan inevitable como es la Navidad: sobre gustos no hay nada escrito, igual que en erotismo.

¿Por qué, se preguntarán, reunir en un volumen dos temas tan dispares? Así, a bote pronto, uno diría que la Navidad es un antídoto contra la lujuria (el cristianismo ya es otro cantar: está repleto de mártires masoquistas, flageladores y flagelados, místicos muy sensuales, cilicios –hoy los reyes de las sex-shops– y conventos cuyos religiosos se arrodillan sólo ante los ojos de las cerraduras). Sin embargo, precisamente por tratarse de una tradición de origen religioso, y antigua, se presta perfectamente a una irreverencia más profunda, chocante y turbadora.

El volumen viene marcado por la variedad: variedad de autores y estilos, de temas, tonos y ambientes. El mérito es de los magníficos escritores españoles e hispanoamericanos que se han lanzado a escribir, exclusivamente para este libro, una historia, un relato en el que, poniendo la carne –y el pavo– en el asador, han reunido su visión de lo erótico y lo navideño; algunos se estrenan en estos terrenos, otros regresan a él por unos instantes. Ha merecido la pena.

Se sitúen a comienzos del primer milenio, en la Inglaterra del siglo XIX, o en la actualidad, transcurran en Cuba, en España, en cualquier ciudad o rincón del mundo, todos los relatos están relacionados con la celebración navideña. En esto, nadie se ha saltado la regla.

Unos cuentos son decididamente sacrílegos, otros ambiguos y misteriosos, otros aún exóticos: entre la exaltación y la depresión que puede embargarnos en estas fechas cabe toda una gama de sensaciones.

Hablemos ahora del erotismo. Mientras unos cuentos abordan la iniciación en brazos de mujeres maduras (o no tan maduras), la obsesión casi fetichista por una parte del cuerpo y su sabor, o el recurrir a prostitutos para colmar la soledad y demás “vacíos”, otros cuentos tratan la ruptura del tabú de la heterosexualidad, la superación, ¡ay!, de la impotencia, el cumplimiento de unos deseos aplazados durante años, el desquite largamente acariciado (y la dulce amargura de quien lo sufre), la recapitulación de toda una vida íntima, la insoslayable presencia de la familia en las relaciones eróticas, o la seducción mediante el relato erótico (a su vez perverso).

El orden en que se presentan obedece a un deseo de conducir al lector por los meandros de la pasión. Y es que con el erotismo ocurre como con el turrón, que hay que saber dosificarlo... para no pillar un empacho.

Es por tanto un placer, y nunca mejor dicho, dar paso a estos doce y dos medios (por evitar el número fatídico) cuentos que desbordan imaginación, erotismo y... espíritu navideño.

Luis García Berlanga

* Prólogo de "Cuentos eróticos de Navidad". Tusquets Editores, Barcelona, 1996.

Año
1996

Idioma
Español